MEXI-CAIRO (DIARIOS DE MÉXICO)
Quizás solo el escritor posea la paciencia necesaria de sentarse y reflexionar; sobre qué tienen en común el polvo de dos ciudades. Tras unas semanas en la capital mexicana, experimenté hoy un déjà vu que irrumpió con golpe en mi rutina: una sensación de que el aire de la ciudad me atrapaba hasta el punto de casi no poder respirar. Me tomó un momento comprender por qué me sentía así, hasta que recordé que, hace unas semanas en El Cairo, experimenté lo mismo.
Mi mente comenzó a juguetear con las otras geometrías obvias: el tráfico denso que espesa el aire hasta convertirlo en algo con sabor, algo que degustable; las pirámides, la cifra de veinte millones de personas, el ritmo de la transformación, y así sucesivamente. Cuanto más tiempo reflexionaba, secretos más silenciosos se iban abriendo camino. Ahora que he vivido un tiempo considerable en las dos, me gustaría profundizar en algo que, literalmente, tengo atascado en la garganta.
Para el lector escéptico, aclaro de antemano que los ciudadanos de ambas urbes —y, de hecho, de cualquier nación o continente— no son idénticos. Lo que escribo aquí son aquellos aspectos que me impactan como aventurero, viajero y observador por su notable similitud; un fenómeno curioso que, tras charlar con locales tanto de El Cairo como de Ciudad de México, nos sorprendieron de forma colectiva.
Lo primero que me llamó la atención de ambas ciudades fue la comida. No los platos, sino el ritmo caótico de su tiempos de ingesta. A diferencia de cualquier otro lugar en el que haya estado, presencié un patrón de alimentación casi sin estructura, probablemente resultado ante el hecho de que ambas ciudades poseen una ostentosa cultura de puestos callejeros, una oferta saturada de comida en cada esquina y, para muchos, una regla de horarios laborales que no se rige por el estándar global de 9 a 5. La dieta local sigue un patrón asombrosamente parecido. En ambas ciudades, el plato básico consiste en una base de pan —ya sea plano, doblado o enrollado— relleno de carnes y verduras. En El Cairo, es el Shawarma: carne de res o pollo marinada en vinagre que se corta de un asador vertical, se mezcla con perejil fresco, cebolla y tomate, y se sirve en un pan fino o kaiser empapado en un tahini cremoso; esto último es para mí el verdadero sabor de El Cairo. En Ciudad de México están los Tacos…
ESTE ES UN FRAGMENTO DE LOS DIARIOS DE MÉXICO “MEXI-CAIRO”
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